Los amantes de los relojes con poder adquisitivo y paciencia pueden tener ahora un reloj de pulsera personalizado, si tienen en su bolsillo 300 mil euros y una voluntad de espera de tres años aproximadamente.

El maestro relojero francés François Paul Journe, artífice del “Sonnerie Souveraine” (así se llama este relojito), personaliza cada pieza, que cuenta con un “dispositivo de sonería” para marcar los minutos, los cuartos y las horas, con un sonido muy nítido y sólo perceptible por el dueño de esta obra de relojería.

El relojito

Para 2006, todos sus puntos de distribución esperan con ansia la llegada del reloj más complicado del mundo, pero debido a su difícil creación, Journe se ha puesto un tope de tres relojes al año como máximo.

De momento, sólo son dos los privilegiados que cuentan con un ejemplar y ya hay otro en proceso de creación.

La mayor dificultad para su funcionamiento consistió en conseguir que el dispositivo sonoro funcione con la limitada cantidad de energía que puede acumular un reloj de pulsera.

Construir este movimiento ha sido un ejercicio de minimización del uso de la energía y de maximización de la eficiencia mecánica.

El resultado es un movimiento de baja tensión con mecanismos muy delicados que tienen que estar muy bien ajustados para asegurar que la sonería desempeñe su función 35,040 veces al año”

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